
Hoy la Iglesia celebra la memoria litúrgica de los santos Abdón y Senén, dos nobles persas que vivieron en el siglo III cuyo testimonio de fe y caridad sigue resplandeciendo a través de los siglos. Al llegar a Roma, los dos santos no dudaron en arriesgar sus propias vidas por una misión de extrema piedad cristiana: asistir a los hermanos encarcelados por su fe y dar digna sepultura a los cuerpos de los mártires que eran abandonados sin enterrar. Bajo la persecución del emperador Decio, su labor caritativa fue descubierta por las autoridades imperiales. Al negarse categóricamente a abjurar de Cristo y a ofrecer sacrificios a los dioses paganos, enfrentaron un cruel martirio. Conducidos a la arena del Coliseo, fueron despedazados por las fieras y finalmente rematados por las espadas de los gladiadores, sellando con su sangre su amor incondicional por el Evangelio y por la comunidad de los creyentes.




