La Plegaria Eucarística III: Profundidad Teológica y Renovación Litúrgica

Plegaria Eucarística III

Verdaderamente santo eres tú, oh Padre, y es justo que toda criatura te alabe. Por medio de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, por el poder del Espíritu Santo, vivificas y santificas el universo, y congregas a un pueblo que te ofrezca, de un extremo a otro de la tierra, el sacrificio perfecto. Te pedimos humildemente: santifica y consagra con tu Espíritu los dones que te hemos presentado para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que nos mandó celebrar estos misterios. La noche en que fue entregado, tomó pan, te dio gracias con la oración de bendición, lo partió, lo dio a sus discípulos y dijo: «Tomen y coman todos de él: esto es mi Cuerpo, entregado por ustedes». Del mismo modo, después de cenar, tomó el cáliz, te dio gracias con la oración de bendición, lo dio a sus discípulos y dijo: «Tomen y beban todos de él: este es el cáliz de mi Sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por ustedes y por muchos para el perdón de los pecados. Hagan esto en memoria mía». Misterio de la fe. Celebramos el memorial de la pasión de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, y esperando su venida, te ofrecemos, Padre, en acción de gracias, este sacrificio vivo y santo. Mira con amor y reconoce en la ofrenda de tu Iglesia la víctima inmolada para nuestra redención; y a nosotros, que nos alimentamos del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo, concédenos la plenitud del Espíritu Santo, para que seamos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu. Que él haga de nosotros un sacrificio perenne agradable a ti, para que podamos obtener el reino prometido con tus elegidos: con la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, san José su esposo, tus santos apóstoles, los gloriosos mártires y todos los santos, por cuya intercesión esperamos ser socorridos. Te rogamos, Señor, que este sacrificio de nuestra reconciliación traiga paz y salvación a todo el mundo. Confirma en la fe y en el amor a tu Iglesia peregrina en la tierra: a tu siervo nuestro Papa N., a nuestro Obispo N., al orden episcopal, a todo el clero y al pueblo que has redimido. Escucha la oración de esta familia, que has convocado a tu presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. Acoge en tu reino a nuestros hermanos difuntos y a todos los que, en gracia de tu amistad, dejaron este mundo. Esperamos gozar también nosotros de la plenitud de tu gloria, cuando enjugues toda lágrima de nuestros ojos; entonces te veremos, oh Dios, nuestro Padre, tal cual eres, y seremos semejantes a ti por siempre, alabándote sin fin, por Cristo nuestro Señor, por medio del cual concedes al mundo todo bien.

La Plegaria Eucarística III representa una de las cumbres más altas de la renovación litúrgica surgida del Concilio Vaticano II. Introducida en el Misal Romano promulgado por el Papa Pablo VI en 1969, esta oración se inscribe en el camino de la redescubierta de las antiguas tradiciones litúrgicas de Occidente y Oriente, ofreciendo al mismo tiempo una estructura teológica de extraordinaria frescura y profundidad. A diferencia del Canon Romano (Plegaria Eucarística I), caracterizado por un desarrollo más complejo y una rica lista de santos, la Plegaria Eucarística III fue compuesta ex novo por un grupo de estudio posconciliar, recurriendo ampliamente a la estructura de las anáforas sirias y al genio teológico de los Padres de la Iglesia.

Desde el punto de vista teológico, esta oración es un verdadero tratado sobre la historia de la salvación y sobre la acción de la Santísima Trinidad. Se abre con una solemne doxología dirigida al Padre, creador y santificador, para luego desarrollar con gran linealidad la estructura clásica de la anáfora occidental: la epíclesis de consagración (la petición de la bajada del Espíritu Santo sobre los dones), el relato de la institución con las palabras de Jesús en la Última Cena, el memorial (anámnesis), la ofrenda de la víctima pascual y la segunda epíclesis, orientada a pedir que los comulgantes se conviertan en «un solo cuerpo y un solo espíritu en Cristo». Este pasaje es particularmente significativo porque desplaza la atención no solo hacia la transustanciación del pan y del vino, sino hacia la transformación eclesial y mística de la asamblea que participa en ella.

Una de las curiosidades y características pastorales más apreciadas de la Plegaria Eucarística III es su versatilidad y la riqueza de sus intercesiones. Ofrece la posibilidad de mencionar al Papa y al Obispo diocesano, pero incluye también fórmulas flexibles para los difuntos y para toda la Iglesia peregrina. Por su clara estructura narrativa, su lenguaje poético pero riguroso y el fuerte énfasis en la dimensión escatológica —la espera de la venida gloriosa de Cristo y la visión de Dios «tal como Él es»—, se ha convertido en una de las plegarias eucarísticas más utilizadas en las celebraciones dominicales y festivas en todo el mundo católico de rito romano.

Padre Bernardo
Padre Bernardo

Frate Minore Francescano, teologo e custode della tradizione liturgica. Dedica la sua vita alla preghiera contemplativa e allo studio delle vite dei Santi. Attraverso le sue riflessioni, guida i fedeli alla riscoperta delle radici più profonde della devozione cattolica e delle grandi suppliche della tradizione ecclesiale, unendo l'umiltà francescana al rigore dottrinale.