
Hoy la Iglesia celebra la memoria de San Nilo de Rossano, una de las figuras espirituales más fascinantes y brillantes del siglo X. Nacido en la Calabria griega, Nilo fue el máximo exponente del monaquismo ítalo-bizantino, un gigante de la fe que supo unir la profundidad de la tradición oriental con las raíces de la occidental. Hombre de gran cultura, oración y mansedumbre, dedicó su vida a la fundación de numerosos monasterios de regla basiliana en el sur de Italia, transformándolos en faros de civilización y espiritualidad en una época marcada por profundas turbulencias. Obligado a huir de las feroces incursiones sarracenas que devastaban el sur, el santo abad emprendió un largo peregrinaje que lo llevó al Lacio. Allí, con su inagotable energía espiritual, sentó las bases para la fundación de la célebre Abadía Griega de Grottaferrata, el último de los monasterios ítalo-bizantinos que ha sobrevivido hasta nuestros días. San Nilo sigue siendo hoy un símbolo extraordinario de diálogo ecuménico, de resistencia a través de la cultura y de entrega total a la Providencia divina, capaz de hablar al corazón del hombre contemporáneo.




