La Virgen de Casaluce, la historia del icono sagrado que cada año regresa a casa

Durante cuatro meses permanece en Aversa, luego regresa a Casaluce. No se trata de una simple procesión ni de una costumbre reciente: desde hace más de siglo y medio, la Sagrada Imagen de la Madonna di Casaluce sigue un calendario preciso, alternándose entre una comunidad y otra. El momento más esperado llega cada año el 15 de octubre, cuando la imagen de la Virgen abandona Aversa y es trasladada de vuelta a Casaluce, donde permanecerá durante los siguientes ocho meses.

La historia que rodea a esta antigua imagen está compuesta por documentos, tradiciones y leyendas que, a lo largo de los siglos, se han entrelazado hasta formar parte de la identidad de todo el territorio de Aversa. La imagen es un icono bizantino de la Virgen con el Niño, atribuido tradicionalmente a San Lucas, aunque esta atribución pertenece a la tradición devocional y no es un dato histórico confirmado. Su historia está ligada a la presencia de los monjes Celestinos, quienes tuvieron un papel fundamental en la difusión del culto entre Casaluce y Aversa.

Según una de las leyendas más conocidas, una mujer con un niño habría llegado durante una noche de tormenta pidiendo hospitalidad a los monjes. Tras ser acogida, a la mañana siguiente ya no se encontraba allí. En su lugar, quedó una pequeña imagen de la Virgen con el Niño. Es una historia que pertenece a la tradición popular y que ha contribuido a hacer aún más misterioso y fascinante el origen de esta devoción.

El trasfondo histórico de la presencia del icono entre Casaluce y Aversa, por el contrario, está vinculado a la historia de los Celestinos. Su traslado estacional a Aversa trajo consigo también la imagen sagrada, que fue venerada progresivamente por la población aversana. De aquí surgieron disputas sobre la permanencia del icono, hasta que las autoridades intervinieron para establecer de manera definitiva los tiempos de su estancia en ambos centros.

El paso decisivo llegó con el decreto gubernamental del 23 de marzo de 1857, promulgado bajo Fernando II de Borbón. Se estableció que la Virgen de Casaluce debía permanecer ocho meses en Casaluce y cuatro meses en Aversa, con dos fechas precisas para el traslado: el 15 de junio, cuando el icono es trasladado a Aversa, y el 15 de octubre, cuando regresa a Casaluce. Es una disposición que aún hoy regula esta particular tradición.

Y es precisamente el 15 de octubre lo que transforma el traslado en uno de los eventos más sentidos por la comunidad. La Sagrada Imagen es acompañada en su retorno hacia Casaluce a través de un solemne traslado, en el que participan numerosos fieles. El recorrido se convierte en un momento de oración, pero también de fuerte participación popular, porque alrededor de la Virgen se reúnen familias, cofradías, cargadores y habitantes de ambos territorios.

La peculiaridad de la fiesta radica también en el hecho de que Aversa y Casaluce comparten literalmente la misma imagen sagrada. No existen dos Vírgenes de Casaluce: es el mismo icono el que pasa una parte del año en una ciudad y el resto en la otra. Una costumbre que se ha arraigado tanto que ha sido reconocida como patrimonio cultural inmaterial de Campania.

El regreso a Casaluce abre luego los días de la fiesta dedicada a la Virgen, celebrada tradicionalmente del 15 al 20 de octubre. Las celebraciones religiosas se acompañan de una dimensión popular hecha de procesiones, luminarias, música y momentos de encuentro. Antiguamente, a lo largo del recorrido de la procesión, se recogían también productos agrícolas, alimentarios y artesanales que luego eran subastados para contribuir a los gastos de la fiesta: una costumbre que cuenta cuánto era apoyada concretamente la celebración por toda la comunidad.

Uno de los aspectos más curiosos de la traslación tiene que ver precisamente con la relación casi «familiar» que las dos comunidades han desarrollado respecto al icono. A lo largo de la historia no han faltado discusiones y conflictos sobre su permanencia, tanto que la tradición popular ha conservado el recuerdo de una especie de disputa simbólica entre Aversa y Casaluce. Hoy ese pasado es sobre todo memoria y folclore, pero contribuye a hacer que esta fiesta sea diferente de muchas otras celebraciones marianas.

El 15 de octubre, por lo tanto, no es solo una fecha en el calendario religioso. Es el día en que la Virgen de Casaluce regresa al lugar que la custodia durante la mayor parte del año, respetando un acuerdo establecido en 1857 y que ha permanecido vivo hasta nuestros días.

Detrás de esa procesión hay una historia de siglos, en la que se encuentran la devoción a la Virgen, la presencia de los Celestinos, los acontecimientos de Aversa y Casaluce y una leyenda popular que todavía hoy se sigue contando. Y quizás es precisamente esta continuidad la que hace que la conmemoración sea tan particular: mientras las personas, las calles y las generaciones cambian, el viaje de la Virgen sigue repitiéndose, cada 15 de junio hacia Aversa y cada 15 de octubre hacia Casaluce.

Redazione
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