
Hoy la Iglesia recuerda a San Apolinar, obispo de Valence que vivió entre los siglos V y VI, una figura luminosa de pastor y defensor de la fe en la Galia meridional. Hermano de San Avito de Vienne, Apolinar se distinguió por su extraordinario celo pastoral, trabajando incansablemente para restaurar la disciplina litúrgica y moral en una época de grandes transiciones y fermentos culturales y políticos. Su acción no se limitó al cuidado espiritual del rebaño a él encomendado: participó activamente en importantes concilios provinciales y no dudó en alzar su voz para defender la libertad de la Iglesia frente a los abusos y las injerencias de los reyes burgundios. Por esta firme fidelidad a los principios evangélicos y a la autonomía eclesial, pagó un precio muy alto al sufrir el exilio. Su vida sigue siendo un modelo de integridad moral, coraje apostólico y profundo amor por la comunidad cristiana, testimoniando cómo la fidelidad a Cristo debe traducirse en un servicio desinteresado y en una defensa tenaz de la justicia.




