
Hoy la Iglesia celebra a Santa Hildegarda de Bingen, virgen y Doctora de la Iglesia, una de las figuras más extraordinarias y polifacéticas de la Edad Media europea. Abadesa benedictina alemana del siglo XII, Hildegarda supo encarnar de manera admirable la armonía entre la fe y la razón, entre la contemplación mística y el compromiso concreto en el mundo. Dotada de una cultura enciclopédica y de extraordinarias visiones que comenzó a transcribir en el célebre tratado ‘Scivias’, fue teóloga, científica, naturalista, botánica y una refinada música. Su voz, definida como la ‘Sibila del Rin’, no se limitó a los confines del monasterio: fue, de hecho, una autorizada consejera espiritual y política de papas, obispos e incluso del emperador Federico Barbarroja, amonestando a los poderosos de su tiempo con valentía evangélica. Proclamada Doctora de la Iglesia por el Papa Benedicto XVI en 2012, Santa Hildegarda sigue hablándole al hombre contemporáneo como un faro de sabiduría integral, recordándonos que la creación es un don divino que debe ser custodiado con amor y que la búsqueda de la verdad pasa a través de la escucha profunda del Espíritu.



