En Loreto se celebra el día en que nació María, en la casa que la tradición le atribuye

El 8 de septiembre, la Iglesia celebra la Natividad de la Santísima Virgen María, pero en Loreto esta festividad adquiere un significado particularmente intenso. La ciudad que custodia la Santa Casa, tradicionalmente identificada con el hogar donde María nació, creció y recibió el anuncio del ángel, vive de hecho la fiesta de su Patrona en el corazón de uno de los lugares de peregrinación mariana más importantes del mundo. Para la solemnidad de 2026, Loreto dedicó toda una semana de preparación, que comenzó el 31 de agosto con encuentros de oración, adoración y el Rosario, hasta los días centrales del 7 y 8 de septiembre, cuando la ciudad vuelve a reunirse en torno a la Basílica de la Santa Casa. La víspera, lunes 7 de septiembre, estuvo marcada por la tradicional procesión de antorchas por las calles del centro histórico, precedida por la celebración de la Misa y las Primeras Vísperas de la solemnidad. A la luz de las antorchas y al rezo del Rosario se unieron fieles y peregrinos provenientes de diversas localidades, junto con los representantes de los barrios de Loreto vestidos con trajes históricos y los peregrinos llegados de Ciociaria, en un cortejo que cada año transforma las calles de la ciudad en un largo camino de oración y devoción. Sin embargo, el corazón de la fiesta llega el martes 8 de septiembre, día dedicado al nacimiento de María. A las 11:30, en la Basílica Pontificia, está programada la Solemne Celebración Eucarística presidida por monseñor Fabio Dal Cin, Prelado y Delegado Pontificio, con uno de los momentos más simbólicos del día: el encendido de la ‘Lámpara de la paz para el mundo’, destinada a ser colocada dentro de la Santa Casa, en el lugar más sagrado del Santuario. En la celebración participan también los representantes del Consejo de las Iglesias Cristianas de las Marcas, en un gesto que adquiere un valor particular en el contexto de una edición dedicada a la invocación de la paz y a la voluntad de unir a las diferentes confesiones cristianas en una oración común. Al término de la celebración, está previsto el acto de consagración a la Virgen de Loreto de los niños que, a lo largo del año, han sido puestos bajo su protección, seguido por el rezo del Ángelus en el atrio de la Basílica, la bendición de los aviones y el tradicional sobrevuelo de la Fuerza Aérea Italiana, que rinde homenaje a la Virgen de Loreto como Celestial Patrona de los aviadores. Es uno de los momentos más sugestivos del día, en el que la dimensión religiosa de la fiesta se encuentra con una tradición que vincula desde hace tiempo al Santuario con el mundo del vuelo. Pero las celebraciones no se detienen en la Basílica. El 8 de septiembre la ciudad vive también los festejos populares, con la tradicional feria, los encuentros nocturnos y la conclusión confiada al espectáculo pirotécnico. Loreto celebra así a su Patrona dentro y fuera del Santuario, alternando los momentos más solemnes de la oración con la vida de una ciudad que, para esta festividad, acoge a peregrinos y visitantes. Es precisamente la presencia de la Santa Casa lo que hace que la Natividad de María en Loreto sea diferente a cualquier otra celebración del 8 de septiembre. Aquí, la fiesta del nacimiento de la Virgen se vive junto a los muros que la tradición vincula a su vida terrenal, transformando una conmemoración litúrgica en un llamamiento directo a la historia de María y al misterio de la Encarnación. Para millones de peregrinos, Loreto representa, de hecho, el hogar de la familia, de los afectos y de la Anunciación, un lugar en el que la figura de María es recordada no solo como Madre de Cristo, sino también a través de su dimensión más humana y cotidiana. También en 2026, entre antorchas encendidas en el centro histórico, oraciones en la Basílica y el paso de los aviones en el cielo sobre el Santuario, Loreto renueva así una de sus conmemoraciones más importantes. El 8 de septiembre se convierte en el día en que la ciudad celebra el nacimiento de su Patrona precisamente en el lugar que, según la tradición, custodia su casa: un encuentro entre historia, devoción y memoria que continúa atrayendo a fieles de todas partes del mundo.

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