
Hoy la Iglesia celebra la memoria de San Grato, ilustre obispo de Aosta que vivió en el siglo V. De origen griego y dotado de una refinada cultura teológica, Grato fue un pastor incansable y un defensor intransigente de la fe ortodoxa. Su figura destaca en el panorama de la Iglesia antigua no solo por su colaboración con el obispo Eustasio de Milán y su participación en los concilios contra la herejía monofisita, sino sobre todo por su ferviente labor de evangelización en el territorio. Con valentía y dedicación pastoral, se adentró en las comunidades montañosas para instruir al pueblo y erradicar los persistentes cultos paganos, plantando firmemente la cruz entre los valles alpinos. Aún hoy, su venerada figura sigue siendo el corazón palpitante de la devoción y de la identidad espiritual de Aosta y de su diócesis.




