
Viterbo ha renovado un año más su profundo vínculo con Santa Rosa, patrona de la ciudad, a través de una de las manifestaciones religiosas y populares más sugerentes de Italia, que culminó la noche del 3 de septiembre con el tradicional Traslado de la Máquina de Santa Rosa. Durante una noche, las luces de la Ciudad de los Papas se apagaron a lo largo del recorrido de la procesión para dejar espacio al espectáculo de Dies Natalis, la gran Máquina iluminada que, portada a hombros por los Facchini (porteadores) de Santa Rosa, atravesó las calles del centro histórico ante miles de fieles y visitantes. La edición de 2026 representó el tercer transporte de Dies Natalis, la imponente estructura ideada por Raffaele Ascenzi, y adquirió un significado especial también porque se cumple el octogésimo aniversario de la reanudación de la tradición en 1946, tras la interrupción causada por la guerra. Como cada año, el momento más esperado de la fiesta tuvo lugar la noche del 3 de septiembre, víspera de la conmemoración religiosa dedicada a la Santa, cuando los Facchini levantaron la Máquina y la acompañaron a lo largo del tradicional recorrido ciudadano hasta el Santuario de Santa Rosa. Una hazaña que requiere fuerza, preparación, coordinación y una profunda capacidad para moverse como un solo cuerpo, especialmente en los pasos más estrechos y difíciles del centro histórico, donde la gran estructura roza edificios y cornisas, y cada movimiento debe ejecutarse con extrema precisión. Con motivo de la edición recién concluida, el traslado estuvo marcado también por momentos de fuerte valor simbólico y conmemorativo, con levantamientos particulares dedicados a la memoria de episodios y personas que han marcado la historia de la tradición. Pero más allá de la espectacularidad de la Máquina y la prueba física de los Facchini, la Fiesta de Santa Rosa conserva sobre todo un profundo significado religioso e identitario. La figura de la joven Santa sigue representando para Viterbo un punto de referencia espiritual y un elemento fundamental de la memoria colectiva, mientras que el Traslado renueva cada año el vínculo entre la ciudad y su patrona. La fiesta no se agota en la sola noche del 3 de septiembre, sino que se desarrolla a través de un rico calendario de celebraciones que acompaña a los fieles en los días anteriores y posteriores, desde la novena hasta la procesión con el Corazón de Santa Rosa, pasando por las solemnes celebraciones del 4 de septiembre, día dedicado a la Santa. El culmen sigue siendo, sin embargo, esa noche en la que Viterbo se reúne en torno a su Máquina y al grito de devoción que acompaña a los Facchini a lo largo del recorrido: una cita capaz de transformar una antigua tradición en una experiencia aún profundamente contemporánea, vivida no solo por quien la observa por primera vez, sino sobre todo por una comunidad que sigue reconociéndose en ese rito. El Traslado de la Máquina de Santa Rosa es, además, reconocido por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, un reconocimiento que atestigua el valor de una tradición capaz de unir fe, historia, cultura y participación popular. También este año, con Dies Natalis iluminando las calles de la ciudad hasta el Santuario, Viterbo ha renovado así una fiesta que pertenece a su historia pero que sigue viviendo en el presente, confiada a la fuerza de los Facchini y a la emoción de toda una comunidad que, cada septiembre, vuelve a mirar hacia lo alto para celebrar a su Santa.




