
Hoy la Iglesia celebra la memoria de San Bertino de Sithiu, figura luminosa del monacato benedictino y de la historia espiritual y civil de la Francia del siglo VII. Discípulo de San Columbano en Luxeuil, Bertino respondió al llamado de llevar la luz del Evangelio a las salvajes e intrincadas regiones del norte de la Galia. Junto a San Omer, dio vida a la célebre Abadía de Sithiu, destinada a convertirse en un faro de espiritualidad y en un formidable motor de desarrollo económico y cultural. Bajo su sabia guía espiritual y material, el monasterio no fue solo un lugar de oración y estudio, sino también el centro de una vasta obra de mejora rural que transformó el rostro del territorio, conjugando admirablemente la contemplación y la acción. El testimonio de San Bertino nos recuerda cómo la fe cristiana, encarnada en el trabajo y en la dedicación al prójimo, sabe edificar no solo las almas, sino civilizaciones enteras.




