
Hoy la Iglesia celebra la figura de San José de Calasanz, sacerdote español que vivió entre los siglos XVI y XVII, cuyo nombre está indisolublemente ligado al nacimiento de la escuela popular moderna. Al llegar a Roma, el futuro santo quedó profundamente conmovido por la miseria material y moral, pero sobre todo por la ignorancia en la que vivían los niños del barrio de Trastévere. Ante este dramático deterioro, Calasanz no se quedó de brazos cruzados: en 1597 tomó una decisión destinada a marcar la historia de Europa, al abrir la primera escuela popular, católica y totalmente gratuita del continente. Convencido de que la educación era la herramienta más eficaz de redención social y espiritual para los más débiles, dedicó todas sus energías a esta misión, fundando la Orden de los Clérigos Regulares Pobres de las Escuelas Pías, conocidos como Escolapios. Su intuición pedagógica se adelantó a su tiempo, poniendo la cultura al alcance de los más desfavorecidos y rescatándolos de la delincuencia y la explotación. Hoy, al recordar al patrono de las escuelas populares cristianas, celebramos a un pionero que comprendió que invertir en la educación de la juventud significa construir bases sólidas para un futuro de justicia y dignidad humana.




